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domingo, 20 de junio de 2021

CHANGÓ. EL PODEROSO ORISHA DEL RAYO, EL HACHA Y LOS TAMBORES BAATÁ


Changó es la divinidad de los rayos y la electricidad. La piedra de rayo y el hacha hacen de el uno de los santos más poderosos, con él carnero comienza a temblar y las hojas de álamo se agitan hasta convertirse en hombre, un hombre se convierte en planta, y allí encima suenan los tambores del baatá.

Changó atestigua su lealtad.

Odu de Ifá Babá Okonrón Meyi.

Changó es la divinidad del trueno, es viril y gallardo, violento y justiciero, castiga a los mentirosos, ladrones y malhechores. Libertino, aventurero, guerrero, feroz y agresivo, castiga fundamentalmente golpeando el pecho de las personas produciéndoles así un infarto y según el odu de Ifá Obara Okonrón: «sus hijos pagan con la vida una desobediencia a Changó».

A Changó no le gusta que sus hijos fumen. Siempre que se le vaya a realizar ceremonia a Égungun, hay que sacrificarle u ofrendarle a Changó. Él tiene la potestad de saber lo que el hombre habla en secreto. Usa la tela de la muerte, tela roja. Tiene tres mensajeros: el trueno, el rayo y la oscuridad.

A Changó se le invierte el pilón o mortero porque hay una sentencia en el odu de Ifá Ogundá Osá que dice:

«El hijo del campo muerto poderoso para el cual nosotros viramos el mortero».

Se le sincretiza con un leopardo que se lava con la sangre de un carnero. Él hace brillar todas las tierras porque el rayo y el fuego son conocidos por todos los hombres de la Tierra. Changó grita en el Cielo y en la Tierra. Según se afirma en el odu Oyekú Ogundá, la gracia que caracteriza a Changó es la de ser muy buen bailador.

Según se conoce, Orichanlá fue nombrado por Oloddumare su representante en la Tierra y este a su vez nombró a Changó como el vocero que convoca al Consejo Divino. Este consejo, se reúne los sábados y es responsable de juzgar las acciones de los hombres en la Tierra y dictar sentencia en consecuencia con la magnitud de la transgresión cometida.

Changó es «el gran testigo» en las consagraciones religiosas de Ifá. Está presente en las ceremonias de Olokun, Oddudua, Igba Odu, Eggun, Osanyín, etcétera.

Entre las denominaciones de Changó se encuentran:

Sango Ogigi: se le conoce así en varios lugares de África.

Oramfe: en Ilé Ife, Nigeria, África.

Jakuta: en diferentes lugares de África, significa: el que tira piedras o pelea con piedras.

Elitimo: el propietario del conocimiento y el ojo brillante.

Afonjá: en Oyo. 

Changó viajó a la Tierra acompañado del odu de Ifá Okonrón Meyi y de Echu Okonron Meji. La divinidad Oke, que vive en la montaña, es el discípulo mayor del linaje de Changó en la Tierra y no de Orichanlá, como muchos creen erróneamente.

Changó prohíbe el melón, el aceite de las almendras, de las nueces de palma y la nuez de cola (con excepción de la cola amarga), la oveja, la cabra, la gallina y la manipulación de sus atributos cuando la mujer atraviesa el período menstrual. El carnero es su alimento fundamental, pero además se le ofrendan chivos, novillos, jicoteas, codornices, toros, pavos, guineas, corderos, pollos, gallos, sinsontes, caballos, leones, pargos, cangrejos, guanajos, perros, en ocasiones especiales come pato junto con Yemayá, vino seco, nueces de cola amarga, plátanos fruta (indios y manzanos), vino tinto, aceite de palma, semillas de ñame y ñame asado o machacado, higos secos y frescos, harina de maíz, quimbombó, miel de abejas, pitahaya, caña de azúcar y coco rayado, tabaco, sopa de hongos, guisado de harina de ñame, sopa de frijoles, frijoles tostados.

Changó come fuera de la casa. Existen determinadas creencias relacionadas con el rayo, y por extensión con Changó. Por lo general, se cree que el rayo es una especie de castigo divino, de esta forma, a quien lo mata un rayo, o este caiga sobre su casa, significa que ha cometido terribles acciones; por eso la familia del fallecido, por ejemplo, no recibe la solidaridad de sus vecinos, ni tiene derecho a darle un entierro adecuado; solo los sacerdotes de Changó, Magba, pueden llevar el cuerpo al «matorral malo».

Las pertenencias del fallecido, si no fueron destruidas por el rayo y Changó lo autoriza, pasan a los sacerdotes o se llevan para el matorral junto con el fallecido. Una casa en la que ha caído un rayo, no puede ser utilizada hasta que se haya ofrecido el sacrificio requerido, pues Changó ha tomado posesión de ella y sería peligroso disputársela. De aquí que los yorubá digan: Bi o ba sile, onile a lo wo lagbede, «si él desciende sobre una casa, el dueño se tiene que ir para una herrería».

En los pueblos y villas yorubá abundan los santuarios de Changó. En ellos pueden verse imágenes de un hombre (representando a Changó) rodeado por tres imágenes más pequeñas (quizás sus tres esposas), o puede verse la imagen con la cabeza y los cuernos de un carnero y sosteniendo en su mano el mango de un hacha de doble filo (Osee Sango).

También hay sonajeros hechos de güiro (Seeree Sango), un mortero invertido, una olla grande de agua que contiene algunos implementos de metal en forma de cincel o hacha y en algunos casos, una bandeja o pote con implementos de metal y piedras pulidas que se cree fueron lanzadas por Changó. Estos objetos pueden estar a la vista u ocultos por una cortina de color morado o castaño, color especial de Changó.

En relación con la adoración a Changó, vale la pena mencionar al Elegun […], la persona invadida por el espíritu de Changó. Existe la creencia yorubá de que una divinidad se comunica con sus fieles mediante la encarnación en una persona. Esta experimenta una sensación de vacío como si se estuviera desmayando, en ese momento se convierte en el vehículo o instrumento de la divinidad.

En el caso de Elegun Sango, la persona poseída, pierde la conciencia y hace cosas que nunca hubiera hecho en circunstancias normales, como sentarse en la punta de una lanza de hierro, pasar el borde afilado de un cuchillo por la lengua, cargar una olla de carbones encendidos en la cabeza, comer candela, todo sin sufrir daño alguno.

Durante la ceremonia, este Elegun lleva una capa de algodón teñida de rojo de la que cuelgan muchos amuletos, cauries y símbolos en miniatura de Changó. Baila al sonido del tambor especial llamado baatá. Entre el tambor, los cantos y la danza, «escucha» el mensaje de Changó y se lo relata a los devotos.

En la mayor parte de los lugares los Elegun son hombres y habitualmente se trenzan el pelo como las mujeres. Pero en otros lugares, como por ejemplo, en el área de Egba, los Elegun son mujeres.

Como ya se señaló, en Ilé Ife, donde se le conoce como Oramfe, sus sacerdotes le hacen ofrendas cuando caen rayos, por eso se piensa que tanto Oramfe como Changó son una misma divinidad con igual misión: hacer caer la ira de Oloddumare sobre la gente mala de la comunidad.

Johnson describe la iniciación en los misterios de la adoración de Changó de la siguiente forma:

[...] los sacerdotes exigen como pago un carnero, un pájaro acuático llamado osin, una tortuga, un caracol, un armadillo, una rata de bosque grande, un sapo, un renacuajo, las cuentas otutu y opon, la cola roja de una cotorra, una gallina de guinea, mantequilla, sal, aceite de palma, carne de elefante, venado, las hojas de siemprevivas y otros productos.

Las hojas se machacan en un recipiente con agua y el candidato se purifica con esta infusión. Se le sienta en un mortero y se le afeita. Se matan las aves y la tortuga y se les sacan los corazones, estos se muelen con la carne de los animales mencionados y las siemprevivas, y se hace una bola con todo esto.

El candidato se somete entonces a incisiones en su afeitada cabeza y se estriega la bola por las heridas. El neófito es entonces convertido en un reconocido devoto de Changó.

Anteriormente se aclaró que Changó es bailador, así entre los yorubá hay una máxima: Oni Sango to jo ti ko tapaa, abuku ara re ni, «un devoto de Changó que baila sin mover los pies y las piernas se deshonra a sí mismo». Es decir, sus devotos deben imitarlo.

Por otra parte, son reconocidas las dotes musicales del pueblo yorubá, su amor por la música y el baile en la vida cotidiana y durante los cultos, donde los sacerdotes y adoradores entonan ciertos cantos según la ocasión. Por ejemplo, durante el culto a Changó, especialmente durante la fiesta anual se escucha con gran devoción:

"Que cada uno alerte a su hijo, para que Changó no sea acusado de secuestro. Cuando él opta por ser feroz, convierte a un árbol en hombre. Cuando él opta por ser feroz, convierte a un hombre en un animal".

Múltiples historias se cuentan entre los yorubá, que le dan a Changó un origen terrenal, la principal está íntimamente relacionada con la formación y desarrollo de este pueblo. Oranyán, el fundador, viajó con su gente en busca de mejores tierras para asentar su reino. Así llegó hasta el noroeste de Ilé Ife, a unas treinta millas del río Niger, cerca de los territorios de Nupe y Borgu. La capital del nuevo reino se llamó Viejo Oyo u Oyo Ile. Esto ocurría a fines del siglo XIV.

Terminado este período inicial, Oranyán abandonó el trono y se fue a Ilé Ife, donde murió. Se cuenta que el pequeño reino apenas si podía mantenerse independiente, asediado por sus vecinos. Oranyán fue sucedido por Ajaka, hombre con pocas aptitudes para el gobierno y el mando militar. Por eso fue depuesto y entonces subió al trono su hermano menor Changó, poderoso y feroz guerrero, quien se convirtió en el cuarto alafin de Oyo. El reinado de Changó fue convulsionado por las luchas internas y este, decepcionado, se fue a Nupe, pero murió en el camino. Su desaparición se explica de manera difícil, unos dicen que se ahorcó de un árbol y otros que mediante una cadena se hundió en la tierra. Más que darle un origen terrenal a Changó, esta historia es un ejemplo en que la comunidad hace coincidir las características de la divinidad con las de un héroe popular.

La desaparición de Changó es explicada de forma bastante doméstica, en otra historia donde están implicadas sus tres esposas. Cuentan que ellas reñían mucho entre sí y eran caprichosas y déspotas con los sirvientes y súbditos; tanto, que los abusos y desmanes llegaron a oídos de Changó. Su cólera no tuvo límites; pero como no podía lograr la paz en su palacio y también sus esposas creaban problemas en su gobierno, decidió abandonarlo todo y se fue a la selva profunda adonde lo buscaron sus hombres inútilmente. Y cuando algunas voces llegaban a Changó pidiéndole que regresara, él respondía: «Mi poder les llegará desde lejos.»

Tiempo después, todavía furioso, subió al cielo ayudado por una larga cadena y desde allí envía los rayos de su cólera. Quizás una de las más fabulosas leyendas sobre Changó es esta que en la Tierra le concede poderes extraordinarios, como que amedrentaba a sus súbditos echando humo y fuego por la nariz y la boca. 

Cuentan que en cierta ocasión dos hombres cercanos al trono Timi y Gbonkaa Ebiri poco a poco se enriquecieron y se volvieron muy poderosos. Changó no podía soportar en su corte a aquellos hombres, entonces los enfrentó. Solo uno murió, Timi, pero Gbonkaa continuó exacerbando su cólera y tanto que un día ordenó a sus guardianes que lo lanzaran a una enorme hoguera. Fue inútil, Gbonkaa saltó del fuego sin una herida. Changó sintió ofendido su amor propio al ver lo poderoso que era Gbonkaa. Entonces se marchó del reino con su familia y seguidores; quienes en el transcurso de los días lo fueron abandonando. El rey se sintió cada vez más solo, perdidas su dignidad y su poder, y terminó con su vida. 

Pronto se conoció sobre el suicidio del rey y los pocos seguidores que le quedaban sufrieron la burla y el escarnio. No les quedó otro camino que refugiarse en otro reino, Nupe, donde estaba la familia materna de Changó. Los fieles a su rey se hicieron de poderes mágicos con los que hicieron caer rayos sobre sus enemigos de Oyo, y grandes incendios se produjeron. La gente del antiguo reino de Changó fue por adivinación para saber el origen de tan terrible desgracia. Entonces supusieron que era la cólera de Changó y solo podían aplacarlo si borraban de sus mentes la historia del suicidio y hacían un sacrificio generoso con carnero, aves, aceite de palma y nueces de cola amarga. Los habitantes de Oyo repitieron una y otra vez durante la ceremonia de la ofrenda: Oba ko so (el rey no se ahorcó). 

Todavía hoy se conserva el lugar del sacrificio en Oyo, es un santuario donde se corona al rey, considerado descendiente de Changó. 






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