.

miércoles, 9 de junio de 2021

LA ABOLICIÓN DE LA ESCLAVITUD CUBANA. SOCIEDAD ABAKÚA Y ÉTICA YORUBA


La historia de América a partir del siglo XVII, como no podía ser de otra manera, se despliega con las mismas tendencias socio-políticas que en Europa, ya que el nuevo continente perpetúa modelos y trayectorias occidentales, obviando las tradiciones culturales indígenas. 

No olvidemos que la cultura occidental tiene un remoto origen, tanto intelectual como legal, innegablemente unido a dos regímenes esclavistas, uno más clasista y moral como el griego clásico y otro, el de la Roma Imperial, plenamente productivo y economicista. Por no citar más referencias. 

La isla de Cuba, como antes lo fue La Española, fueron casos paradigmáticos: Desde la constitución de las Ocho Villas por Diego Velázquez a partir de 1511 se comienzan a traer pequeñas dotaciones de esclavos negros a Cuba, bien sea directamente por las licencias de la Corona o por el tráfico pirata. Con censos de la época se puede deducir que en 1537 había aproximadamente medio millar de esclavos negros, repartidos entre haciendas agrícolas y explotaciones mineras. Todo ello se prolonga y aumenta exponencialmente en paralelo a la agricultura de plantación, siendo la intermediación portuguesa primero, francesa y británica después, las que se encargan del suministro de mano de obra esclava de Africa, para ello utilizan la formula comercial del “Asiento”, precontrato que la Corona Española otorga a los mediadores. 

Ya en las postrimerías del XVIII y sobre todo a inicios del siglo XIX, los Ilustrados con la vanguardista Constitución de Cádiz reconocieron las leyes abolicionistas. Sin embargo su proceso de aprobación real fue lento, excesivamente lento, retrasado en los vericuetos de intereses y triquiñuelas legales. 

Hombres como José Miguel Guridi y Alcocer propusieron en las Cortes Españolas el 26 de Marzo de 1811 la abolición de la esclavitud, y el Capitán General de Cuba Gerónimo Valdés presentó el Reglamento para la mejora de las condiciones de los esclavos, en 1842, poniendo de manifiesto la brutalidad del trato a estos trabajadores forzosos. 

Si toda la esclavitud es indigna y brutal, la absoluta crueldad del esclavismo negro en Cuba fue siniestramente destacada, con una población muy concentrada de hombres, eliminándoles la posibilidad de una vida familiar tradicional. 

Estos seres humanos eran llevados hasta la desesperación, con el único refugio de sus cultos puramente africanos, sin sincretismo, intuimos, con unas liturgias de cultos de caza y autodefensa; su relación con el aparato cultural y religioso hispano y criollo fue floja. Posiblemente es en ese tiempo cuando se comienza a gestar la ética masculina de la sociedad Abakúa. Ante cualquier tipo de acusación, los latifundistas cubanos justificaban ante la Corona Española la existencia legal de la esclavitud, sin reconocer que la concesión del comercio libre de esclavos fue pasada a los beneficiarios en 1789. 

Sin querer aventurar cifras exactas, algunos autores afirman que hasta 1810 se habían introducido en América unos 110.136 africanos, la gran mayoría de esa siniestra exportación eran hombres, como ya hemos mencionado, ya que se evaluaba que el coste de cría y manutención de niños hasta su edad de trabajo era muy alta...

El precio del negro africano era muy elevado, debido al transporte y a su precoz mortalidad por agotamiento, el envío periódico de nuevas “remesas” de seres humanos era constante. Hasta 1865 no se promulgó un decreto claro para acabar con la trata de esclavos, que el Ministerio de Ultramar, dirigido por Canovas del Castillo, se vio forzado a aprobar, tras el incumplimiento de otro documento similar de 1820. 

La cada vez más potente Gran Bretaña y la presión, ésta sí muy dura, del gobierno de Washington en mitad de su guerra civil, tuvieron un papel decisivo en las actuaciones de España. Aunque aplicadas con desidia por el Gobierno de O’Donnell, hombre muy vinculado a los intereses económicos latifundistas cubanos, desde sus tiempos de Capitán General de Cuba. Finalmente es Narváez quién aprueba un Decreto Ley de obligado cumplimiento en julio de 1868, convalidado por las Cortes, obligando al levantamiento de un censo, y dejándose en libertad a los esclavos que no figuraran en él. 

Los cubanos criollos lo aceptaron a regañadientes, tan sólo a partir de la sublevación nacional y la posterior Asamblea Constituyente de 1869, ven la urgencia de decretar la abolición completa, sin ningún tipo de indemnizaciones. Las ansias revolucionarias y nacionalistas cubanas sólo consolidaron las prácticas esclavistas, siendo los hacendados criollos, descendientes directos de españoles, los que crearon un militarizado Cuerpo de Voluntarios, provocando la destitución del capitán general Dulce y forzando la presencia del general Caballero de Rodas, cercano a los radicales cubanos y aficionado a la “mano dura”. La apertura del Casino Español, centro radical liderado por Segundo Rigal, tensa más el escenario; llegando éste a amenazar al Presidente de la época, Juan Prim, con palabras como, “Cuba será española o la abandonaremos convertidas en cenizas africanas”.

El 4 de Julio de 1870 el nuevo ministro de Ultramar, Segismundo Moret i Prendergast, redacta la Ley Moret para la puesta en pràctica de la abolición total del esclavismo en la isla, apoyada por los EE.UU. Tampoco obtiene el acuerdo ni la toleracia de los latifundista, que se oponen duramente, llegando a conspirar para asesinar al presidente Prim, financiando directamente el atentado, conjetura del historiador José Antonio Piqueras. Es a la muerte del Rey Alfonso XII en 1885 cuando la Reina Regente Maria Cristina de Habsburgo firma la Orden Real, acabando con la fórmula legal de los Patronatos, instrumento legal por el que se ejercía el tráfico y el usufructo esclavista. 

Por todo lo expuesto, no parece que existiera una interrelación cultural entre población hispano-criolla y africana, desarrollándose su evolución por separado, basándose en sus tradiciones propias. No se produce hasta finales del siglo XIX una influencia constante y real (hay quién dice maliciosamente que aún hoy no se ha producido...), también en sus aspectos religiosos; pero es evidente que la incorporación de esclavos libertos en el Ejercito Mambí, con figuras destacadas como su lugarteniente general Antonio Maceo y Grajales, pone de manifiesto esta nueva realidad de influencias mútuas, incluso, podríamos afirmar irónicamente, estos nuevos líderes afro-americanos adquieren también los “tradicionales” hábitos golpistas hispánicos. 

Es posible que en estas franjas temporales se consolide el sincretismo entre los cultos yorubas, consolidados como liturgias secretas defensivas, y el catolicismo. Aunque se ha escrito mucho sobre ello, Cuba, desde su constitución como estado, sigue siendo una sociedad muy estamentada en conceptos étnico-culturales, con una separación racial manifiesta hasta la actualidad que naturalmente afectó a los imaginarios. 

Los mitos recorren Cuba, asentado en dos grandes tradiciones, una es la influencia político-económica de la Masonería, otra la articulación social de la Sociedad Abakúa y la ética Yoruba; podríamos aventurar que ambas con una lejana matríz egipcia común. A ellas podríamos deber ese popularmente conocido en Cuba como “gobierno en la sombra”: Mientras que la burgesía criolla, blanca y masónica, académica, funcionarial o mercantil, aspiraba a poderes políticos, legislativos y ejecutivos, situando a sus hombres en centros de poder gubernamental; la vertiente Abakuá mantenían unas férreas normas de comportamiento social de los sectores más proletarios, conservando un civismo anclado en las ancestrales formas africanas, patriarcales y estamentales. 

Normas cívicas y éticas provenientes de las culturas de las regiones del Golfo de Guinea, de Africa Occidental, de los grupos Mandinga, Ganga, Lucumí, Carabalí y Congo. Posiblemente de pactos puntuales entre éstas surjan los procesos revolucionarios contra el poder colonial de finales del siglo XIX y de la primera mitad del XX. Es manifiesto que fueron clave en la organización de la revolución de 1959. 

Es en torno a éstas dónde se ordena una neo-fundación de Cuba, un principio de justicia social, de soberanía ante el colonialismo occidental, en este caso estadounidense, y de sociedad hermanada y multicultural, de asunción de tradiciones afroamericanas (al menos en los papeles...). Utilizando los planteamientos de análisis míticos de José Manuel Pedrosa, posteriormente, en plena hegemonía cultural revolucionaria, surgen las mitificaciones de sus líderes, de los Castro, pero también de Camilo Cienfuegos y de Juan Almeida; llegando al clímax con el neomartir Che Guevara, que alcanza su significación en la Revolución Cubana, y consolida después en su martirio político de Bolivia. 

Como hemos visto, profundizar en los imaginarios y el sincretismo religioso en América es hablar también de la diáspora africana. Ya hemos comentado que la insistencia en los cultos de origen se puede interpretar como una resistencia social, pero en Cuba esa reivindicación de la identidad afroamericana vino siempre acompañada de una acción revolucionaria, externa frente a España, e interna frente a las élites blancas. En otros países cercanos nunca fue revolucionaria (ni teniendo en cuenta a los singulares “Black Pathers” o al proyecto atávico de Malcom X), fue cultural , en EE.UU. se acuñó un término muy interesante, la “Harlem Renaissance”, basado en un movimiento cultural y político afro-americano iniciado a partir de 1919, tras los profundos cambios que se produjeron con la consolidación urbana en las ciudades del norte de dicha comunidad, tras la abolición de la esclavitud. Todo ello sumado a los efectos socio-económicos que trajo la Primera Guerra Mundial: Nuevos empleos en el sector industrial, en oficios y profesiones que daban peso a estos colectivos afroamericanos, abriéndoles las puertas a una deseada clase media. 

En ciudades como Chicago, Detroit o New York, en barrios como Black Belt, South Side o Harlem se comienza a reivindicar con orgullo los rasgos culturales del colectivo afroamericano, todo ello coincidiendo con la Gran Migración (1914-1950). Muy concretamente es en Harlem dónde dicha comunidad inicia reuniones en torno a conceptos culturales, no unicamente religiosos, que reivindican un orgullo racial plasmado en una reinterpretación de su cultura y muy concretamente en la literatura y la música. 

Con el objetivo de crear un nuevo hombre negro satisfecho de sus orígenes y abierto a posiciones progresistas y socialistas. Nombres como Web DuBois, James Weldon Johnson y muy específicamente Marcus Garvey, crearon conceptos como el de “Back to Africa”, un panafricanismo interétnico de confianza y seguridad en su raigambre cultural africana. Fue una variante más de lo que empezaba a construirse, típico y tópico del siglo XX, de la “mass culture” , y que luego, en la década de los sesenta se convertiría en el movimiento por los Derechos Civiles Afroamericanos


0 Comments:

Publicar un comentario

.