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viernes, 11 de junio de 2021

LA CREACIÓN SEGÚN LOS YORUBAS


Ifá dice que: 
Dos ojos y un destino 
fueron los testigos de todo lo creado.
 
Odu de Ifá Babá Eyiogbe 

El desarrollo del pensamiento humano, muestra que cada pueblo tiene sus propias concepciones acerca de la Creación y la forma en que se pobló la Tierra. El sistema filosófico literario de Ifá no es una excepción. 

Entre los tradicionalistas yorubá existen sacerdotes de Ifá especializados en todos los asuntos de la vida en el Cielo y en la Tierra. Ellos han logrado mantener en la memoria de su pueblo los más antiguos conocimientos referidos al principio del tiempo. Los sacerdotes yorubá son los portadores y guardianes de la memoria colectiva de ese pueblo; memoria conservada hasta hoy admirablemente mediante la tradición oral. 

El pasaje que aparece a continuación narra la leyenda de la Creación. En este pasaje los yorubá reconocen el preámbulo de la existencia y establecen el lugar que ocupan en el sistema planetario los dos conceptos primordiales que, con una amplia gama de matices, distinguen al hombre por antonomasia: el bien y el mal. 

La oscuridad total, lo Primitivo; el reino de Echu. 

Una capa translúcida encima de la oscuridad era el enclave que contenía los cimientos de una existencia que sobrevendría. 

Dentro del enclave transparente existía el núcleo de luz, aire, agua, espacio, morada y reino de Oloddumare [Dios]. 

En la plenitud de los tiempos, Oloddumare ordenó a la luz que brotara pronunciando: o no yoo y de esa forma Él iluminó la totalidad de lo Primitivo. 

Toda la oscuridad del reino de Echu fue iluminada, él levantó la cabeza para indagar. 

- ¿Quién eres? 

Y de la luz brotó una voz: 

- Yo soy Oloddumare, la oscuridad que nos rodea no proporciona la base para la plenitud de la existencia. Por esa razón yo creé la luz, para que la vida pueda florecer y embellecer. 

Echu le respondió: 

- Yo poseía la inmensa mayoría del espacio, esta era toda oscuridad excepto la parte ínfima que usted ocupaba. Acepto que la oscuridad no conduce al desarrollo orgánico de la vida [esto explica por qué Echu no tiene capacidades creativas], sin embargo prometo moverme libremente bajo la brillantez de la luz. 

A lo cual Oloddumare accedió y acto seguido Oloddumare continuó con su labor creadora: plantas, animales y divinidades se multiplicaban. Echu aprovechó esa oportunidad única para dictar sus famosas proclamaciones:

- Cualquier tipo de vegetación que florezca bajo el brillo de luz, se convertirá en mi terreno de labor y cualquier ser que se cree en la inmensidad del espacio, se convertirá en mi sirviente y asistente. 

Este hecho marcó el comienzo de la competencia entre el bien y el mal, la luz y la oscuridad, lo diáfano y lo confuso, la verdad y la falsedad, la guerra y la paz, la vida y la muerte, así como el antagonismo: Oloddumare/Echu. 

Oloddumare es el Creador, a quien se le debe subordinación por su eterna grandeza. El Todopoderoso es reconocido por diferentes acepciones que expresan siempre el reconocimiento a la energía primaria, al poder vital en una forma absoluta y a la gran fuerza de todas las cosas. Estos términos se resumen en el vocablo: aché, concepto que también identifica a Oloddumare, aunque Echu interacciona por su relación con el equilibrio dinámico de nuestra existencia. 

Aché es la fuerza sobrenatural usada por Oloddumare para crear al Universo […] fue originalmente una extremidad o protuberancia o expresión verbal que venía de Oloddumare y que más tarde se concretó en un tarro de animal y cuyas copias fueron dadas a Orichanlá, Echu y a algunas otras divinidades, que entonces fueron capaces de efectuar muy buenas obras. 

[…] Oloddumare dio lo que llamamos aché a ambas partes en cualquier problema […] Cuando se habla de algo “bueno” se presupone que se conoce el lado “malo”, donde no exista lo bueno tampoco habrá lo malo […]

El mito yorubá presenta el mundo generado por dos fuerzas: una de expansión, identificada con la luz, de carácter masculino; y la otra de contracción, identificada con la oscuridad, de carácter femenino. Estas fuerzas establecen un equilibrio, una no puede anular a la otra. Este principio se refleja en la práctica cuando el sacerdote de Ifá consulta al oráculo, traza unas marcas en la bandeja de adivinación de Ifá, que siempre serán de nones o pares, hasta que se logra la figura del odu de Ifá, el cual expresa la predicción o augurio. 

Estas fuerzas provienen de un lugar mítico conocido por los yorubá como la casa de la luz, donde habita una sustancia invisible que transforma la potencia espiritual en una realidad física, que unidas logran un equilibrio perfecto en el amanecer y el atardecer de la vida. Esta fuerza que se mueve entre la luz y la oscuridad, tiene una doble naturaleza, positiva y negativa; cuando estas dos fuerzas se unen originan una tercera, perfecta en sí misma, denominada aché, en él se funden los cuatro elementos primordiales que forman el agente mágico universal: el aire, el agua, la tierra y el fuego. Esta fusión es capaz de generar una nueva vida o existencia que estará avalada por un oricha, el cual posee las energías necesarias del principio de la existencia, el principio de la realización y el principio que determina la orientación de la cosas, por eso la fuerza o el oricha que influye en la formación de la nueva vida es el ángel de la guarda de la persona. 

Los elementos naturales primarios de la Creación están representados en las ceremonias de este culto, por ejemplo:

El fuego: en la vela que se le enciende a los orichas y antepasados. 

El agua: en el omi ero. 

La tierra: lugar donde se llevan a cabo las ceremonias. 

El aire: a través de las invocaciones, cantos y conjuros. 

Las cualidades que se le atribuyen a Oloddumare son específicas y únicas porque es omnipotente, inmortal, omnisciente y trascendente; el simboliza el bien en toda la extensión de su significado, por eso solo es feliz con las buenas acciones, ya que Él, con su poder y autoridad, insufló el aliento de la vida en sus creaciones. 

En relación con otras formas de nombrar a Oloddumare, Cannon E. A. Odumuyima plantea: 

Etimológicamente la palabra oricha es una forma abreviada de Ohun ti o ri sa, que significa: el que se compone de pedazos dispersos. Otros consideran que proviene de Orise, literalmente: la fuente de la cabeza. Orí significa: cabeza interna, fuerza, energía, mientras se: originar, derivar o surgir de; aquel que existe por sí solo dotado de poder y energía universal. Orise es el nombre común para Oloddumare en el distrito de Owo, Nigeria. Entre los itkiris y los ijaws occidentales, oricha es solo una forma adulterada de Orise. 

Sin embargo, Wande Abimbola dice al respecto:

 […] la palabra Orisa no parece tener nada que ver con “Orí” debido a la estructura del vocablo, todos los tonos de la palabra Orisa son bajos, la primera sílaba “o”, la segunda “ri” y la tercera “sa” llevan tonos bajos, no puede estar relacionada con “Orí” del todo, ya que la estructura es de medio tono al alto tono. […] 

Sólo en ocasiones muy definidas, si la palabra Orisa está relacionada a “Orí” con un tono alto en la “i”, se adiciona “sa” para que el tono alto no cambie a uno bajo. 

[…] Se ha especulado mucho sobre esta palabra [oricha] y no sé si uno puede descomponerla en partes y darle un sentido real a su significado. Ri: significa sembrar algo o establecer algo sobre la tierra, sa: honrar o pagar homenaje. Orisa: Quien siembra o establece algo en la tierra y por lo cual deberá pagar o rendir homenaje y respeto. 

Oloddumare es el Ser Creador; después, se encuentran las deidades y los ancestros que devienen funcionarios del Todopoderoso y, finalmente, los seres humanos, creados para servir a sus superiores; de ahí que el primer canon de Ifá es el respeto a la ancianidad. Hasta estos días ese ha sido un patrón respetado por todos los iniciados en el culto de Ifá durante las ceremonias religiosas y en el trato personal con sus mayores. 

La posición de Oloddumare en la cosmogonía yorubá se ratifica continuamente en el cuerpo literario de Ifá. Conforme al siguiente pasaje, tomado del odu de Ifá Osá Ogundá, Oloddumare es único, como Él no existe otro:

No había cosas vivas. 
Era el sacerdote en la Tierra; 
aquello que estaba suspendido 
pero que no descendió. 

Era el sacerdote en el Cielo; 
todo era solo espacio vacío 
sin sustancia alguna. 
Era el sacerdote en el aire. 

Se adivinó para la Tierra y el Cielo 
cuando ambos existían, sin habitantes, 
en dos conchas vacías.
 
No había pájaros ni espíritus viviendo en ellos. 
Oloddumare, entonces, se creó a sí mismo 
siendo la primera causa. 

Esta es la razón por la cual llamamos a Oloddumare: 
el único sabio en la Tierra. 
Es la única causa en la Creación. 
El único sabio en el Cielo que creó seres humanos. 

Cuando él no tenía compañía 
aplicó la sabiduría a la situación 
para apartar cualquier desastre. 

Tú, solo. 
El único en el Cielo 
es el nombre de Oloddumare. 
El único sabio. 
Te damos gracias. 

La única mente que sabe, 
tú creaste al hombre escuchando un solo lado del argumento,
tú juzgas y todos quedan complacidos. 

Cuando Oloddumare comenzó su proceso de Creación, comprendió que necesitaba una fuerza intermediaria entre su gran energía y cualquier cosa que Él creara, para lograr que esta sobreviviera. Así surgieron Ogbon (sabiduría), Imo (conocimiento) y Oye (comprensión); quienes por orden de Oloddumare volaron en busca de un lugar donde vivir; pero pasado el tiempo regresaron zumbando como abejas y alegaron que no habían encontrado el sitio adecuado. Oloddumare se los tragó y después de un tiempo incalculable decidió liberarse de ellos por el incesante zumbido que producían. Entonces ordenó a los tres que descendieran (ro) con su zumbido (hoo); es por ello que los tres cuerpos celestiales son conocidos como Hoo-ro. 

Al ser fuerzas altamente energizadas, su descenso se vio acompañado de relámpagos y truenos. La materia sólida existente se derritió como gelatina. Durante un tiempo, Hoo-ro permaneció suspendido en el aire como un gran huevo y no se derritió, pero entonces cayó a la tierra y se rompió, produciendo un sonido: la. En su nuevo estado Hoo-ro se identifica como Elá; es decir, la explicación de la naturaleza de Oloddumare y de toda su Creación: 

¿Quién fue el primero en hablar? 
Elá fue el primero en hablar. 
¿Quién fue el primero en comunicarse? 
Elá fue el primero en comunicarse. 
¿Quién es este Elá? 
¿Fue el Hoo que descendió? 
¿A quién llamamos Elá?

Había surgido la primera fuente reconocida de comunicación; la encarnación de la sabiduría, la comprensión y el conocimiento en todas sus formas verbales y visuales; esta es la energía que funciona en el complejo de adivinación de Ifá. Por esa razón, se identifica también a Orúnmila, la deidad de la sabiduría, con Elá. 

Finalmente, la sabiduría, la comprensión y el conocimiento se condensaron al hallar el espacio idóneo para vivir; se consolidó así la primera Creación de Oloddumare: Orí, una de las fuerzas intermediarias. Cada divinidad y cada ser humano tiene su propio Orí, exclusivo, irrepetible, insobornable; solo para nuestro servicio. Es Orí quien intercede por el hombre, aprueba o no lo que este pide en el Cielo antes de emprender el viaje hacia la Tierra y lo acompaña hasta el final de la vida. 

Esta divinidad se considera como la más importante de la cosmogonía yorubá, porque es, precisamente, la deidad personal (la cabeza interna), funciona como la mediadora directa entre el hombre con sus deseos y las demás divinidades e Ifá. Cuando se comenta dentro del culto de los orichas que alguien «tiene aché», se está resaltando a Orí, el aché personal. 

Cuando una persona acude al oráculo, el sacerdote de Ifá siempre le toca la cabeza con el instrumento de adivinación para indagar sobre los deseos de su Orí, es la energía de esta la que responde, a través del signo de Ifá, sobre la situación por la que atraviesa el consultante. 

Si bien Orí funciona como conciliadora y soporte del pensamiento, la comprensión y la sabiduría; Ifá es la expresión de esa concentración de conocimientos, es el sistema filosófico literario del pensamiento tradicional yorubá que ha trascendido de una forma artística, bellamente concebida en forma de parábolas, donde las enseñanzas quedan a merced de lo que cada quien interpreta, aprende y aplica; de lo que cada quien es capaz de descifrar según su propio análisis y del discernimiento del sacerdote que consulta el oráculo. Ifá es una filosofía de la vida, es el compendio de todas las manifestaciones histórico sociales de una cultura ancestral. 

Algunos estudiosos de esta cultura afirman que la palabra Ifá procede de la raíz «fa», que significa «raspar», quizás porque quien se inicia en el culto de Ifá debe raparse la cabeza durante una de las ceremonias de iniciación, o también significa «abrazar», porque el iniciado debe abrazar un código de principios éticos que defenderá a ultranza, o en otra acepción: «contener», porque el iniciado debe guardar los secretos de la iniciación. 

Es imposible rastrear etimológicamente una palabra tan antigua como Ifá, pero en la práctica es la compilación de todo el proceso de la Creación de Oloddumare: en Ifá se pueden constatar el tiempo y la vida de todo lo creado. Realmente ha sido imposible rastrear etimológicamente una palabra tan antigua como Ifá, según el criterio de la mayor parte de los investigadores yorubá. Bernard Maupoil expresa al respecto dos ideas surgidas de sus investigaciones, que resultan, a nuestro parecer, bastante aceptables: 

[...] frescor, frescor del agua, de la atmósfera [...] dulzor agradable en el sentido moral. Aquel que tiene el corazón caliente; aquel que está bajo la presión de intensas emociones y lleva un sentimiento de dolor o cólera, recibe el consejo de refrescar su corazón, de reencontrar la paz y el equilibrio (a través de Ifá) [...] 

[...] los sacerdotes de Ifá de Dahomey [...] dicen que Fá (Ifá) reduce el fuego (interior) y la soledad, él ama el frescor, de ahí su nombre.

A pesar de estas variantes, realmente ha sido imposible rastrear etimológicamente una palabra tan antigua como Ifá, según el criterio de la mayor parte de los investigadores yorubá. Sin embargo, en nuestra opinión, Ifá es, en la práctica, la compilación y la manifestación de todo el proceso de la Creación.



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