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viernes, 11 de junio de 2021

LA PRIMERA POBLACIÓN DE LA TIERRA


El cuerpo literario de Ifá revela que las primeras creaciones de Oloddumare fueron las divinidades. Después moldeó al hombre con la arcilla que Ikú (la deidad de la Muerte) buscó por mandato supremo. 

Cuando llegó el momento de dar el aliento de vida a los seres humanos, Oloddumare ordenó a todas las divinidades que cerraran los ojos, pero Orúnmila solamente se cubrió el rostro con las manos. 

Oloddumare descubrió la estratagema de Orúnmila y le hizo señas para que se mantuviera atento, pues un hecho de tal trascendencia merecía un testigo. Esta es la razón por la cual a Orúnmila se le llama Eleri Ikpin o Eleri Oricha (el testigo de la Creación de Oloddumare), así se convirtió en la única deidad capaz de conocer y cambiar nuestro destino. 

Transcurrió el tiempo, llegó un momento en que los cielos estaban superpoblados, por lo que Oloddumare decidió crear un nuevo lugar para que vivieran las divinidades y los seres humanos; ese lugar fue la Tierra. 

Para comenzar el poblamiento de la Tierra, Oloddumare ordenó a su sirvienta Arugba que informara a cada una de las divinidades que debían prepararse para un trabajo especial en compañía de sus seguidores. 

Las deidades no fueron por adivinación antes de emprender la misión encomendada, solo Orúnmila buscó el consejo de Ifá, quien le advirtió que dispusiera comida en abundancia para agasajar y atender con sumo respeto a un visitante. 

Avanzada la noche, Arugba visitó a Orúnmila para trasmitirle el mensaje de Oloddumare; pero atendiendo el consejo de Ifá, le insistió en que cenara primero. El hábito de servir alimentos y atender de manera reverente es el reflejo de cómo Orúnmila sirvió y atendió a Arugba, la misteriosa visitante. Después de saciar su apetito, Arugba le comunicó que Oloddumare requería de su presencia temprano en la mañana en el Palacio Divino; también le aconsejó que solicitara cuatro favores especiales al Padre Supremo: permiso para viajar con el camaleón, la gallina multicolor, la cadena y el bolso especial propiedad de Oloddumare. La utilidad de estos animales y objetos la comprendería llegado el momento. Halagada por la forma en que fue atendida por Orúnmila, Arugba le pidió su anuencia para acompañarlo en la misión.

A la mañana siguiente, Oloddumare anunció a las divinidades el encargo de poblar la Tierra y las autorizó para que tomaran del Palacio Divino todo lo que quisieran. Además, Oloddumare ordenó a las divinidades y sus seguidores poblar la Tierra bajo el cumplimiento estricto de dos principios fundamentales: cuando estuvieran lejos de Él, ninguno podía usurpar el papel de Creador del Universo; cada mañana, al comenzar los trabajos en la Tierra, todos debían rendirle debido tributo como Padre Eterno. El segundo principio está relacionado con el respeto al semejante, la conocida regla de oro: no le hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti. De ahí se desprende todo un comportamiento social: no matarás; no robarás; no mentirás, ni seducirás a la mujer de otro, o cualquier otra acción que pudiera provocar dolor y sufrimiento. Ellos debían refrenar el deseo de venganza, pues las desavenencias debían resolverse en el Consejo de las divinidades. Siempre debían tener presente la regla de que cualquier acción que perjudicara la divinidad de su semejante, sería castigada con una fuerza diez veces superior. 

Oloddumare terminó su discurso con una máxima: el secreto del éxito está en escuchar siempre la voz silenciosa de la Paciencia. 

Tras estas recomendaciones, las deidades quedaron libres y escogieron a voluntad los bienes con los que viajarían a la Tierra. Estos elementos, seleccionados en tan memorable momento, forman parte de la energía de que disponen las divinidades y son, al mismo tiempo, las cualidades que las distinguen. Constituyen, además, parte de los símbolos y atributos que usan sus seguidores en las ceremonias de iniciación. 

Orúnmila fue el último en dirigirse al Palacio de Oloddumare para escoger su patrimonio y, según el consejo de Arugba, hizo el pedido. Asimismo tomó un caracol y cuatro plantas: el plátano, el maíz, el ñame y el llantén. El mito hace referencia además a la necesidad de sembrar para propagar estas especies con el objetivo de alimentarse y evitar la extinción; estas cuatro plantas son además de uso imprescindible para los sacerdotes de Ifá en las ceremonias de iniciación en el culto. Orúnmila guardó todos estos materiales en el bolso mágico, donde cabía todo tipo de objeto, grande o pequeño, y además podía salir de él cualquier cosa que se necesitase en el momento preciso. 

Finalmente, las divinidades y sus seguidores emprendieron el camino y, al llegar a la Tierra, descubrieron que no había terreno donde establecerse, solo existía una palma, el árbol de la vida (igi akoko), suspendida en el espacio, con sus raíces sin tener donde afianzarse, en medio de un inmenso océano. Esto coincide con otras referencias de culturas antiguas que señalan el mar como punto de partida en el surgimiento de la vida; a la vez que revela al agua como elemento primordial, portador del aché, por contener la energía necesaria para remediar los trastornos fisiológicos y beneficiar la salud, la fuerza y el vigor corporal en los seres vivos. 

Para los yorubá el agua es la sangre del Universo, la esencia de todo lo que tiene vida. Sabiduría corroborada hoy, cuando se conoce que, por ejemplo, el cuerpo humano expele de medio a tres cuartos de litro de agua por los poros de la piel en forma de sudor y esta cantidad aumenta en el verano; expulsa además cerca de litro y medio de agua en forma de orina; y cuatro quintas partes del cuerpo humano están compuestas de agua. 

Una máxima yorubá dice: El hombre podrá vivir muchos días sin alimentos; pero morirá muy pronto si se le priva del agua. La escasez de agua en el organismo humano es para ellos la causa de la inquietud, la melancolía, la tristeza y el malestar generalizado que aqueja al hombre en muchas ocasiones. El alejamiento del hombre «civilizado» del medio natural, el cambio de hábitos; por ejemplo, hay personas que beben un par de sorbos de agua durante todo el día y en cambio beben mucha cerveza, té, vino, café u otros licores que no proporcionan al organismo la cantidad de agua necesaria para su normal funcionamiento, lo convierte en víctima de serios trastornos estomacales e intestinales. Los tradicionalistas plantean que la mayor parte de las enfermedades tienen su origen precisamente en esta zona del organismo. 

La tradición oral yorubá cuenta que cuando Orúnmila arribó al árbol de la vida vio que todas las deidades habían permanecido en el lugar. Entonces, Arugba le indicó que dirigiera la abertura del caracol en dirección al agua, pues este contenía la muestra de suelo que se expandiría hasta formar el terreno donde poner los pies y caminar. Inmediatamente, en la base del árbol de la vida comenzó a asentarse el suelo. 

Acto seguido, Arugba le aconsejó a Orúnmila que depositara sobre la tierra a la gallina multicolor para que extendiera con sus patas el suelo recién colocado. Desde entonces las gallinas no han dejado de escarbar y esparcir la tierra. 

Después que el terreno se había extendido lo suficiente, Arugba advirtió a Orúnmila que utilizara al camaleón para comprobar si era posible caminar sobre el suelo. El camaleón anduvo cautelosamente, con temor a hundirse, pero la superficie se mantuvo estable. Así han permanecido hasta ahora los camaleones: cautelosos y precavidos. 

La palma sagrada o árbol de la vida está presente cuando se realiza la adivinación con el oráculo de Ifá, sus semillas sagradas (llamadas también nueces de palma [ikines en yorubá]) son los vehículos para conocer el pasado, presente y futuro. Después de esparcido el terreno y el árbol sagrado con sus raíces en él, las divinidades comenzaron a descender por sus ramas y Orúnmila, seguro ya de la firmeza del suelo, lo hizo también. 

Comenzó entonces a sembrar las cuatro plantas que había traído del Palacio Divino y se entretuvo de manera tal, que las divinidades raptaron a Arugba del bolso mágico. La presencia de Arugba, como única mujer en la misión, había creado muchos problemas entre las divinidades porque todas lucharon por retenerla y esta lucha provocó que cada divinidad revelara lo peor de sí. 

En las ceremonias de iniciación de Ifá se rememora esta historia, de cómo fue el viaje hacia la Tierra a través del árbol de la vida. Además, la mujer que lleva las semillas sagradas de adivinación sobre su cabeza al bosque sagrado es llamada Arugba. Esta parte de la ceremonia no se realiza en América según se ha podido observar. 

También, teniendo en cuenta que Orúnmila nunca se casó con Arugba, no se aconseja a ningún iniciado en Ifá casarse con la mujer que lo siguió hasta Ugbodu y, si es casado, no debe implicar a la esposa en la ceremonia, porque pueden separarse al poco tiempo. 

Orúnmila regresó al Cielo para contarle a Oloddumare que en la Tierra nadie cumplía con las leyes divinas, por ello Oloddumare envió a la más poderosa de las divinidades, Eleniní, a verificar las noticias de Orúnmila. Cuando la deidad del infortunio llegó a la Tierra comprobó que Orúnmila tenía toda la razón. No obstante, cuando las divinidades regresaron al Cielo y le pidieron a Oloddumare la autoridad divina (aché), para facilitar que los siervos mortales les sirvieran y para provocar los incidentes que ellas consideraran necesarios, Oloddumare les concedió los favores solicitados. 

Después le pidieron que enviara dinero a la Tierra para negociar entre ellas. Oloddumare prometió que les haría llegar el dinero. Todas las divinidades retornaron a la Tierra, cada una con sus seguidores. Orúnmila fue en busca de adivinación y le revelaron que no se apresurara para tomar el dinero que sería enviado a la Tierra y que no se protegiera de la lluvia. Además, antes de abandonar el Cielo, debía sacrificar un chivo a Echu, así eludiría los problemas que dicha deidad había prometido crear al resto de las divinidades. Orúnmila realizó el sacrificio como correspondía. 

Después que las divinidades tomaron el camino hacia la Tierra, Echu desató el cordón de la lluvia en el Cielo y provocó un aguacero que duró tres años, esto impidió a las divinidades llegar a su destino a tiempo. Orúnmila por su parte, continuó viaje, sin buscar protección de la lluvia, hasta que llegó al pie del árbol de la vida donde construyó una cabaña. 

Las divinidades ya estaban próximas a la Tierra cuando la lluvia cesó; entonces se encontraron con un vidente que les sugirió hacer sacrificios al pie del árbol de la vida, base de sus existencias, si querían cumplir con su destino y asentarse con tranquilidad. 

Como ya Orúnmila se había establecido confortablemente en una cómoda casa al pie del árbol de la vida, se benefició con las ofrendas de todas sus compañeras. Pasado un tiempo, la cotorra avisó que una gran cantidad de dinero (cauries) se precipitaba desde el Cielo. Enteradas las divinidades, fueron en busca del dinero sin prepararse previamente. Los servidores de ellas perecieron por la avalancha de cauries. Orúnmila, intrigado, fue por adivinación. Ifá le advirtió que cualquiera que se acercara al dinero con avaricia estaba condenado a morir, pues el dinero es un fenómeno hambriento y aquel que desee disfrutar del beneficio del dinero, primero tendrá que alimentarlo. 

Como Orúnmila siempre actuaba atendiendo las ordenanzas de Ifá, hizo ofrendas al dinero y siguió los consejos para adquirirlo; por ello se convirtió en la única deidad que triunfó, hizo al dinero su servidor. Por eso se dice que: Ifá se sienta sobre el dinero y, siempre, el altar de Ifá se adorna con cauries. 

Los episodios de las divinidades luchando por Arugba y por el dinero, son el reflejo de las guerras, las disputas y las desavenencias en las que el hombre ha estado inmerso a lo largo de toda su historia. Al respecto don Fernando Ortiz apuntó: «aquí los dioses son buenos y malos, según los momentos y las circunstancias, como ocurre con los seres humanos y todos pueden hacer favores y disfavores». 

Debido a los conflictos que se produjeron en la Tierra, a raíz de la llegada del dinero, Oloddumare envió a Ikú para que regresara al Cielo con los transgresores de las leyes divinas; pero este falló, solo tuvo éxito en eliminar a los seguidores de las divinidades. Oloddumare encargó la misión a Eleniní, quien partió con su bolso divino, a cumplir la tarea que Ikú había dejado inconclusa. 

En la Tierra, Orúnmila descubrió la catástrofe que se aproximaba gracias a su sesión de adivinación diaria y se preparó para recibir con honores a Eleniní, quien complacida con el reconocimiento entregó a Orúnmila la autoridad sobre el resto de las divinidades. Pero finalmente, Orúnmila y las demás divinidades debieron retornar al Cielo a través del árbol de la vida. Cuando estuvieron a salvo, Oloddumare zafó el cordón de la lluvia que lo inundó todo y consumió el mundo. Así terminó el primer intento de poblar la Tierra, debido al desorden y la falta de unión.

Este hecho tiene relación con que los únicos adivinadores que triunfan en los caminos del Cielo, son aquellos que tienen el apoyo y la cooperación de Orúnmila; sea un sacerdote de Oggún, de Olokun, de Changó o de cualquier otra deidad. A no ser que tenga su propio Ifá, no recibe la bendición del Cielo. De otro modo, se convierte en víctima de todo tipo de obstáculos y dificultades. 

En esta versión sobre la forma en que las divinidades y los hombres poblaron el mundo, aparecen aspectos filosóficos a través de las alegorías, por ejemplo: 

La cadena: recuerda cómo todos los procesos naturales son la consecución de leyes y manifestaciones eslabonadas que dan lugar a un nuevo elemento. Se asocia con el fuego como elemento natural por el carácter simbólico de su forja. 

El caracol: representa el crecimiento, la estructura sólida del dinamismo de la existencia y se le relaciona con el agua como elemento natural. 

La gallina: su fecundidad simboliza la Creación y se le vincula con el aire como elemento natural. 

El camaleón: es el emblema de la adaptabilidad a la vida en condiciones adversas. El elemento natural con el que se le identifica es la tierra.


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