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miércoles, 9 de junio de 2021

RASGOS DE RELIGIONES AFRICANAS


Africa es un complejo continental etnodiverso en donde grupos humanos que en ocasiones se encuentran próximos son muy distantes culturalmente. Ello debe ser tenido en cuenta para evitar generalizaciones que hacen más difícil la comprensión de la dinámica social de esos pueblos. 

Uno de los fenómenos culturales más intrincados lo constituye la religión, cuyo significado también va a depender si se habla en plural o en singular. 

La diversidad de grupos étnicos trae aparejada multiconcepciones de formas para explicarse y relacionarse con el entorno. En consecuencia, cada etnia ofrece particulares respuestas y soluciones a sus problemas. Ello nos hace privilegiar el uso del término religiones ancestrales, y estas las entendemos como “el vínculo esencial entre los miembros del grupo y a la vez entre el grupo y los dioses. El origen probable de la palabra religión (religare: “religar”, “vincular”) tiene su correspondencia en la voz Bambara Lasiri, que denota a la vez religión y vinculo”. 

De lo anterior se desprende que cada etnia elabora códigos sociales portadores de las claves que permiten la forma de comunicarse, de relacionarse y entenderse entre sus semejantes. Estos a su vez tienen que entrar en contacto con sus divinidades, para lo cual también diseñan mecanismos que permitan entrar y reforzar los vínculos. 

Preferimos el término ancestral antes que primitiva por cuanto esta última es emparentada con salvaje o bárbaro, lo cual tiene una carga peyorativa que remite a épocas cavernarias y constituye una legitimación que dio el darwinismo al colonialismo. Con él significamos el conjunto de religiones que florecieron en Africa antes del contacto con el islamismo y con el cristianismo, y que pese a ese encuentro sobrevivieron. 

A este tipo de religiones las denominamos animistas, con lo cual “se designa las creencias en almas o por lo menos, en espíritus que animan la naturaleza”. Ella está conformada por diferentes elementos como son: ríos, selva, minerales y animales. El hombre también se considera parte del mismo universo. 

Fernando Ortíz, pionero cubano de la afroamericanística consideraba que “esos primeros estratos psicosociales, todas las fuerzas de la naturaleza eran desconocidas, pero el hombre se las explicó dando vida semejante a la suya a todo lo que le rodeaba,...”. 

Es el deseo de poder explicar lo que anima el tipo de religiones ancestrales africanas, y ellas son dotadas de fuerzas, las cuales son necesarias conocer para poder actuar en y sobre la naturaleza. Si las religiones ancestrales africanas presentan algún grado de dificultad para su comprensión las mismas se hacen más difíciles para su estudio, o fragmentos de ellas, que fueron transportadas a América por los diferentes grupos étnicos que hicieron su arribo al nuevo continente, y especialmente al territorio colombiano. Teniendo en cuenta lo planteado hasta aquí vamos a seguir la selva, y en ellas las plantas, como lugar de preferencia donde Bantúes y Yorubas pudieron dejar huellas de religiosidad. 

Se han privilegiado estos dos grupos por cuanto se ha podido observar en algunos trabajos, que ellos fueron predominantes entre los que arribaron al Chocó durante la trata negrera. Lucia de la Torre cita a Enrique Sánchez quien al analizar el censo de 1759 dice “... el origen del mayor número de esclavos procedía, en primera instancia, de la confederación de los Ashanti (28.7%), Ewe-Fon y Yorubas (19%) y Bantúes (16.3%). Igualmente, Germán Colmenares en un recuento de Negros esclavos realizado en el Chocó para el mismo año de 1759 registra la existencia mayoritaria de miembros de estos dos grupos étnicos. 

Jorge Palacios señala que: “en 1710 se apresaron 57 Negros introducidos de contrabando al Chocó de los cuales 16 eran Congos, 12 Loangos, 2 Chalá (Bantú), 9 Minas, 6 Arará, 6 Popó, 3 Carabalí (Yorubas) y un Mandinga. Así mismo el segundo volumen de esta serie al analizar los esclavizados pertenecientes a las minas de Cértegui y Santa Bárbara en 1759, se observó una predominancia de Bantúes y Yorubas. Este comportamiento señala una tendencia que hizo privilegiar estos dos grupos como portadores de ancestralidad religiosa en Chocó. 

Para los Bantúes “las prácticas religiosas tienen por finalidad reforzar la vida, asegurar su perennidad dirigiendo las fuerzas naturales”. Del ancestro Bantú se heredó en buscar en la selva las plantas que ayudaran a mantener la vida, por que para estos pueblos, y particularmente para los Lele “Dios dio la selva a los hombres como fuente de todas las cosas buenas, la selva también es la fuente de los medicamentos sagrados”. Por esto todas las cosas que existen en ella pueden ser aprovechadas para beneficio de las personas y entre ellas las plantas para la cura de muchos males.

En el panteón Yoruba existe una deidad superior conocida como Olorún, por debajo de él queda una variedad infinita de Orishas entre los cuales figuran Oké, dios de los montes, Aroní, dios de los bosques y Ajá, dios de las plantas medicinales. 

Bantúes y Yorubas debieron haber sido muy expertos en el manejo de la selva y en el conocimiento y uso de las plantas, cuidando lo existente en ella porque destruirlo constituiría una amenaza para la vida. Además, hacia ella debieron tener una actitud de veneración como lugar sagrado al ella provenir de Zambi-ampungo, divinidad superior de los Bantúes, y de Olorún, ser supremo de los Yorubas. 

Aquí surgen los interrogantes: ¿Dónde fueron a parar los panteones Yoruba y Bantú?, ¿Qué se hicieron los nombres de sus dioses?, Y ¿ Por qué no florecieron religiones de tipo vudú, candomblé o santería?. 

Los documentos hablados y escritos hasta ahora consultados, no nos han puesto en el camino que permitan dar explicaciones del proceso como desaparecieron los nombres de las deidades. Tal vez los efectos de la catequización contribuyeron a borrar de la mente de los esclavizados dichos nombres, pero ellos retuvieron la esencia profunda, íntima, de las funciones que cumplían y con ellas revistieron, llenaron de contenido a los santos católicos. 

Con las religiones debió haber sucedido un proceso similar. A los miembros de estas etnias les fue impuesto el catolicismo, pero este quedó superpuesto sobre los sistemas de creencias manteniéndolas en secreto sin exteriorizar a la vista de todo el mundo, y solo frente a algunos elementos y creyentes, la religiosidad profunda. 

La economía minera esclavizadora también debió desempeñar un papel determinante en ambos casos, porque debido a los constantes traslados de la gente por el agotamiento de las minas, se impedía la socialización de las ideas religiosas, y así ningún tipo de lo que denominamos religiones afroamericanas tendría el terreno abonado para echar raíces y florecer. A esto hay que añadir el hecho que para de el período de introducción de los africanos fue relativamente corto. Cubrió el siglo XVIII, época de los asientos internacionales y lo que se denominó el segundo ciclo del oro cuando existieron grandes cuadrillas de esclavizados. 

A principios del siglo XlX sólo existían pequeñas cuadrillas donde es difícil reconocer el origen de los esclavizados, la mayoría de ellas compuestas por muleques y jóvenes criollos. Esta situación tampoco contribuiría para la estructuración de un sistema religioso, lo cual facilitaría la superposición y refuncionalización de que acabamos de hacer mención.

En concordancia con lo anterior consideramos que las religiones ancestrales africanas o elementos de ellas que llegaron a la Nueva Granada y Citará, especialmente Yoruba y Bantú tuvieron que mantener su carácter oculto, no visible para todos, debido a la persecución de la cual eran objeto. Ello en el fondo terminó siendo compatible con ellas por cuanto... "La religión africana tradicional se caracteriza por una ausencia casi completa de templos en los que pueden penetrar oficiantes y fieles para expresar su piedad... 

A esto se añade la preocupación por conservar el carácter secreto y misterioso del acto religioso, lo que conlleva la prohibición de toda participación pública en los "Oficios religiosos" los templos de encuentro de los participantes o fieles no son comúnmente conocidos por el catolicismo. 

El más grande templo o lugar sagrado que mantuvieron los esclavizados citareños fue la selva. En ella encontraban la mayoría de objetos litúrgicos necesarios para comunicarse con sus deidades. Este lugar era muy similar al mismo que habían dejado en Africa Central y Occidental y les era fundamental para recrear el alma africana. Por eso en la selva se internaban cuando huían de la esclavitud a ella también se iban en muchos casos siendo ya libres y definitivamente en ella se quedaron cuando fueron definitivamente libres.




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