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sábado, 12 de junio de 2021

YORUBAS: EL SEGUNDO INTENTO DE LA CREACIÓN DEL MUNDO


Ya en el Cielo, las divinidades se justificaron ante Oloddumare, argumentaron que aquel primer intento de poblar la Tierra había fracasado debido a que «hubo demasiadas manos en un mismo plato». Oloddumare decidió dar una segunda oportunidad. 

Eleniní propuso que fuera Oggún el primero en intentar la tarea, por ser la deidad mayor y de más alto rango en el Cielo. Este aceptó la encomienda y partió con doscientos seguidores entre hombres y mujeres. Por este hecho a Oggún se le considera el descubridor del camino del Universo. 

Sin embargo, Oggún, por su carácter egocéntrico y contrario al sacrificio, no se preocupó de ir por adivinación y así prever los problemas que podían acecharlo en su misión, ni siquiera previó con qué iba a alimentar a sus seguidores. Atravesaron las siete colinas antes del límite con el Cielo. Luego, la zona gris donde habitan los imere (seres que solo vienen al mundo por corto tiempo) y finalmente la zona de oscuridad total hasta llegar a la Tierra. 

Sin demora, la expedición comandada por Oggún comenzó a trabajar preparando caminos; pero llegó el momento en que, extenuados, sus seguidores exigieron comida. Oggún les orientó que cortaran palos de los arbustos de los alrededores y se los comieran, pues no tenía otra cosa que ofrecerles. Varios días después, la mitad del grupo había muerto de hambre y el resto estaba muy débil. A Oggún no le quedó otro remedio que regresar al Cielo con los sobrevivientes e informar a Oloddumare de su fracaso. 

Como segunda opción fue llamado Olokun para que marchara a la Tierra con las mismas órdenes y disponibilidades recibidas por Oggún; pero también desatendió el sacrificio y partió sin realizar los preparativos elementales para lograr el éxito. 

Al llegar al mundo, alimentó a sus hombres solamente con agua y, como consecuencia, tuvo que emprender el regreso y declararse incapaz de cumplir el encargo divino. 

Oloddumare convocó entonces a un gran número de deidades, pero todas rehusaron la misión por miedo al fracaso. Ante tal circunstancia, Oloddumare pidió a Orúnmila que hiciera uso de su sabiduría para realizarla. Este aceptó. Inmediatamente, Orúnmila se dirigió a los ancianos celestiales en busca de consejo. Según el oráculo, debía ganarse el favor de Echu con la ofrenda de un chivo. Satisfecho por el obsequio, Echu le advirtió a Orúnmila que viajara a la Tierra con muestras de los animales y plantas útiles para la supervivencia. 

Después de reunir todo lo necesario, Orúnmila partió con sus seguidores, pero olvidó las sugerencias de Oggún y Olokun como mayores. Echu aprovechó esta negligencia para ridiculizarlos y hacerles saber que Orúnmila triunfaría donde ellos habían fracasado, porque había hecho los sacrificios necesarios, mientras ellos lo ignoraron y sentenció: El perro solo sigue a aquellos que lo tratan de manera benevolente.

A Oggún le produjo tanta ira la revelación que dispuso bloquear el camino hacia la Tierra con un tupido bosque. Al llegar a ese obstáculo, Orúnmila y sus seguidores debieron detenerse. El ratón se ofreció para trazar una senda, pero por su tamaño, la vía que abriría no permitía el paso de los demás integrantes de la comitiva. Ante tal disyuntiva, Orúnmila envió por Oggún para que lo ayudara, quien, complacido, lo reprendió por no dirigirse a él con anterioridad. Orúnmila se disculpó y le explicó que él había enviado a Echu para informarle. Oggún recordó la visita de Echu y resolvió limpiar la ruta que permitiría continuar el viaje. No obstante, le hizo prometer a Orúnmila que alimentaría a sus hombres con lo mismo que él utilizó en su fallida gestión de poblar la Tierra. Orúnmila aceptó respetuosamente y continuó la marcha. 

Olokun, por su parte, también se sentía agraviado e impidió el paso de Orúnmila con un enorme río. Se repitió la historia: Orúnmila escuchó la amonestación y también le explicó que había enviado a Echu con la noticia. Rápidamente Olokun secó el río para facilitar la vía y le pidió a Orúnmila que al llegar a la Tierra alimentara a sus seguidores con agua. Con estos dos mandatos continuó Orúnmila su travesía y penetró en el mundo. 

Los obstáculos colocados por Oggún y Olokun tienen relación con las dificultades que deben enfrentarse antes de obtener el éxito en cualquier empresa a la que el hombre se lance. El lugar donde se asentaron era un espeso bosque y sin demora, Orúnmila y sus hombres se construyeron sus viviendas, acomodaron los animales y plantaron las semillas que habían traído del Cielo. Durante la noche, Echu hizo que las plantas frutaran y los animales se multiplicaran. De esta forma se resolvía la supervivencia de los exploradores del nuevo mundo que se levantaba. 

Al amanecer, Orúnmila reunió a sus seguidores y para cumplir con lo prometido a Oggún y a Olokun, repartió palos y agua para comenzar el día. Luego, Orúnmila alimentó cuidadosamente a sus seguidores con todos los comestibles traídos del Cielo y que gracias al sacrificio a Echu se habían reproducido. En la actualidad, entre los yorubá existe la costumbre de limpiarse los dientes con un palillo o ramita de una planta y enjuagarse la boca con agua, antecedente bastante directo de lo que el hombre hace hoy al levantarse. 

Por otra parte, en este mito se encuentran los tres elementos fundamentales de la alimentación humana: agua, vegetales y animales. 

Orúnmila había cumplido con su misión, por eso viajó al Cielo y proclamó ante Oloddumare el triunfo de su empresa. A partir de ese momento comenzó el éxodo de las divinidades y sus seguidores a la Tierra. Como se ha podido observar, dentro del mito yoruba el concepto primario de la Creación se encuentra «oculto» y aparece en el cuerpo literario filosófico de Ifá en forma de símbolos o códigos. Ellos consideran que todas las leyes que rigen la naturaleza y la vida en la Tierra están contenidas en cada una de las creaciones de Oloddumare. De ahí que para desentrañar el significado del mundo de los orishas, se requieren estudios serios y profundos, esa es la única forma de conocer el legado mítico cultural que contienen los odu de Ifá. 

Todo mito yorubá se relaciona con aspectos filosóficos de la vida: la semejanza de la evolución de las especies, la presencia de los cuatro elementos primarios de la naturaleza, los orishas como agentes naturales; es decir, todo está relacionado y es un eterno devenir, es la imagen tan conocida de la serpiente que se muerde la cola, la dinámica de la vida es un ciclo continuado e infinito. Un proverbio yoruba del odu de Ifá Ogbe Ofún señala: El fin es el principio y viceversa.

El análisis del proceso de la Creación muestra la presencia de fuerzas positivas y negativas que determinan el equilibrio de la existencia, es decir, el mundo existe en toda su riqueza y complejidad, como revela el odu de Ifá Okonrón Ogbe, porque hay tanto bien como mal. En un mito del odu de Ifá Eturá Orinalá, se revela que Orúnmila le dijo a las divinidades durante un Concilio Divino: si Oloddumare hubiese establecido la diferencia entre los que hacían el bien y el mal al autorizar que Ikú se llevara solamente al que transgrediera lo establecido, el bien podría triunfar sobre el mal. Y también, si Oloddumare hubiera otorgado vida eterna a los que hicieran el bien, los que hacían el mal hubiesen cambiado para evitar la muerte. Pero el mundo creado por Oloddumare no lleva intrínsecamente el mal, sino que este se manifiesta cuando se transgreden las leyes naturales, es una reacción. Todo está regido por las leyes naturales: los seres vivos nacen, crecen, se desarrollan; luego envejecen y mueren; pero la muerte es considerada como un estado natural; se trata entonces del extendido concepto de transformación de la materia y que aparece en la filosofía yoruba formulado dentro de los mitos. 

En otro odu de Ifá, Oyekú Eturá, se expone el particular sentido filosófico de la vida que tienen los yoruba: El nacimiento de una persona marca el comienzo de su prosperidad. Esa persona se educará, trabajará, aprenderá a encarar su destino y garantizará su continuidad legando lo mejor de sí. Finalmente morirá, el día que estaba pactado morir. Esta es la esencia de la vida. 

Orúnmila dice que nadie quiere oír a la verdad, la mentira tiene más seguidores; pero una cosa se puede asegurar y es que cuando la verdad llega, la mentira se va. Cada uno de los seres de la Creación: piedras, plantas, animales y hombres, están guiados por una divinidad. Ese conjunto de hombre-piedra-planta-animal-divinidad está estrechamente relacionado en cuanto a conductas y aptitudes; entre ellos fluye constantemente el conocimiento, la sabiduría y el entendimiento aportados por las deidades. 

La similitud entre todo lo creado por Oloddumare garantiza la perpetuidad de la vida y su perfeccionamiento. Un importante aspecto dentro del mito de la Creación es la adivinación y su consecuencia: el sacrificio. Este es un elemento reiterativo, es la expresión de un sentimiento profundo y de una convicción. A través de él se establece una especial relación entre el hombre y el enigmático y maravilloso mundo espiritual con lo suprasensible; de ahí que se considere el sacrificio como la «liberación» o absolución de los problemas, de hecho, constituye el ánfora de esperanza del culto tradicionalista de Ifá; para los yoruba la vida no es otra cosa que dar para recibir. Ellos ofrecen animales, plantas y otros materiales a las deidades para recibir a cambio los beneficios y desviar las posibilidades de peligro. 

En los doscientos cincuenta y seis odu de Ifá está acumulada la memoria colectiva de los yorubá, en su contenido se refleja el pasado, pero también puede encontrarse el presente y el futuro.

El yoruba sabe que en el odu de Ifá está la esencia del individuo, en cada uno vienen reflejados los rasgos que se trasmiten de generación en generación. Ellos saben también que cada divinidad tutelar no es más que el patrón de aspectos positivos y negativos que heredará el seguidor dentro del culto. Los tradicionalistas reconocen que a través de los rituales de Ifá el hombre logra acentuar aspectos perdidos por la influencia del medio que lo ha vuelto más vulnerable. 

El culto de Ifá no tiene otro objetivo que despertar aspectos de la personalidad del individuo que permanecen «dormidos»; de seguro, el individuo llega a ser mucho mejor. Cada una de las ceremonias de consagración en el culto son réplicas exactas de los procesos de reproducción, alimentación, educación y comportamiento social en la vida de los hombres. Por ejemplo, siempre que se inicia un proceso de adivinación se repite el simbolismo del descenso de las deidades y los hombres cuando vinieron del Cielo a la Tierra según describe el mito de la población del planeta: el sacerdote toma una jícara con agua y va tomando de ella pequeñas porciones con la mano para esparcirla a su alrededor, rindiendo así homenaje a este elemento de la naturaleza, «sobre el cual» se asentó la vida; la redondez de la bandeja de adivinación sobre la que trabaja el sacerdote de Ifá simboliza a la Tierra, y sobre ella, el sacerdote deja caer el polvo sagrado de adivinación desde un receptáculo, como Orúnmila dejó caer la tierra para que se hiciera firme; acomoda el polvo con una cola de vaca como hizo la gallina con sus patas; entonces lanza las semillas de adivinación y el odu comienza a asentarse igual que la palma, y el sacerdote, con precaución, como el camaleón, conforma paso a paso la figura bilateral que se para sobre la superficie, indicando que la energía bajó del Cielo dispuesta a la acción. 

Una vez que el odu de Ifá queda marcado en la bandeja de adivinación, se ha reproducido en pequeña escala una nueva creación. Las semillas sagradas que componen un juego de adivinación, están dividas en femeninas (redondas) y masculinas (alargadas), y las marcas que se producen por la manipulación de dichas semillas son líneas dobles o femeninas «--», y sencillas o masculinas «-». Lo masculino que suministra información se atrae con lo femenino que la recibe para crear la nueva vida y surge el odu de Ifá, donde están presentes todas las aptitudes, tendencias, dolencias, posibilidades y características de la personalidad del individuo. Estas marcas se van escribiendo de derecha a izquierda, de arriba hacia abajo, en dos grupos de cuatro marcas, hasta que se obtiene una figura (octograma) hembra o varón que representa la imagen del individuo. Las líneas sencillas representan la expansión del universo (luz), y las dobles representan la fuerza de contracción en el universo (oscuridad). 

Para el culto, estas marcas son la representación de la polaridad, donde lo luminoso y sutil interactúa con lo oscuro y denso, para generar las experiencias que permiten la comprensión y originan la diversidad que permite manifestar la Creación, y que la conciencia evolucione hacia la unidad en la divina perfección el Universo. [...] Dentro de la cosmología de Ifá, la oscuridad y la luz crean todo lo que existe. Esta es una expresión de la idea de que la luz se contrae para hacerse materia y la materia se disuelve en la luz. Ifá [no considera] a la luz como «bueno» o a la oscuridad como «malo». Oscuridad y luz, expansión y contracción son simplemente dos manifestaciones de una sola forma de sustancia espiritual que emanan de la fuente. 

Los odu de Ifá y las divinidades no son más que la manifestación arquetípica que heredará el seguidor dentro del culto, y los avatares que vivió Orúnmila en ese odu son narrados al iniciado y su vida experimentará los mismos problemas y posibilidades, ofreciéndosele así una guía para desviar todas las perspectivas de peligro o de muerte prematura para que disfrute de paz y prosperidad duraderas, porque la memoria de la Creación, impresa en el cuerpo literario de los odu de Ifá que componen los mitos, tiene la función de aportar la información de todos los fenómenos de la naturaleza.




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